¿Sabías que?
SABÍAS QUE... EL 6 ENERO
HACE 157 años QUE nacimos en la Iglesia como Congregación
para consolar.
Un día como hoy, un 14 de marzo de 1857, solicitamos
ser acogidas por nuestra madre Iglesia, más tarde se nos dio el nombre de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación
y con una misión: testimoniar y proclamar la Misericordia y Consolación.
La Iglesia, como
comunidad de amor, es llamada a
reflejar la gloria del amor de Dios que es comunión, y así atraer a todas las personas
y pueblos para Cristo. (Documento de
Aparecida)
En el ejercicio
de la unidad deseada por Jesús, hombres y mujeres de todos los tiempos se sienten
convocados, viviendo la hermosa aventura de la fe: “Que también ellos vivan unidos a nosotros para que
el mundo crea” (Jn 17, 21).Mª Rosa acoge el
don de Dios entregándose en fraternidad a la misión de consolar, poniéndose a
la disposición de los demás para que circule la sencillez, la humildad y la
caridad, rasgos inherentes a nuestro modo de ser. “Al reconocer nuestro carisma, la Iglesia nos asocia a su misión
evangelizadora en el mundo” (Const.53).
Somos y nos
sentimos Iglesia. Hoy celebramos y recordamos el deseo profundo de Mª Rosa de
querer en todo momento dar respuesta a la voluntad de Dios. Como comunidad
somos llamadas a descubrir, integrar y complementar los talentos escondidos y
silenciosos que el Espíritu de Dios sigue suscitando.
Ser Iglesia, estar en la Iglesia fue el mejor
regalo, pero también la mayor exigencia: somos Iglesia para servir a Cristo en
cualquier necesitado y cooperar en la salvación de los hermanos, dilatando el
conocimiento y el Reino de Dios. El servicio de Dioses el servicio del presente...
El servidor es aquel que tiene los ojos fijos en las manos de su Señor dejándose
fecundar por el tiempo presente, espacio de la manifestación y presencia de Dios,
comulgando con las exigencias espirituales del momento presente. En el servir
somos implicados a una tensión continua que se va desenvolviendo cada día y a
cada instante, esta tensión es una atención
práctica porque aspira a la transformación del mundo por la caridad...
Esta fecha es una experiencia que
nos hace hoy pensar…
En medio de nuestro mundo actual en el que lo
religioso se margina y en el que la Iglesia a veces atacada, abrimos esta
página de la vida de Mª Rosa Molas y de las primeras Hermanas de la
Consolación. Tampoco eran tiempos fáciles para aquellas mujeres. Les tocó vivir
su fe y su consagración a Dios en el ambiente anticlerical y convulso del siglo
XIX.
Motivación para compartir
•
¿Cómo vivieron la Madre y estas Hermanas la
llamada de Dios a seguirle?
•
¿Cómo fue su
respuesta a esa invitación?
También nosotros desde nuestra experiencia de
encuentro con el Dios de la Consolación somos invitados desde nuestra cultura y
momento actual a inclinarnos delante del dolor de los más vulnerables,
recuperando la compasión por el sufrimiento de nuestro mundo. La complejidad
del mundo y la mentalidad post-moderna debe ser una llamada para una respuesta más
comprometida y encarnada como la del Verbo que desciende hasta lo más hondo y
nos rescata, no anulando el sufrimiento, sino sufriendo con misericordia. Mª Rosa Molas
interpelada por las necesidades y carencias de sus contemporáneos “a
toda hora y en toda circunstancia acogió su corazón la inquietud, la pena y la
amargura del prójimo”. (Consolamini 2,
48).
¡El mundo entero es casa y tierra de misión! La misión
consiste en ser presencia del Señor allí donde estemos, en el escenario de la
vida ordinaria, en la acción apostólica, en la oración, en el estudio, en el
trabajo, en la gestión administrativa, en el ejercicio de lo ministerio
pastorales, son nuestros espacios concretos donde somos modeladas por el soplo
de Dios, pues todas somos sus “discípulas y misioneras”.
Como discípulos de Cristo el Espíritu nos interpela y
llama a hacernos más “próximos” y para realizar cambios más radicales en nuestra
vida, teniendo el coraje de leer experiencias significativas y acoger los signos
de los tiempos, con audacia profética.





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