Inauguración del Año Vocacional con las familias en Zaragoza

Domingo día 16 de febrero, en el colegio de Zaragoza tuvo lugar la inauguración del Año Vocacional con las familias, con una Eucaristía muy emotiva y vivida con mucho gozo… , y luego, tuvimos el Rastrillo del Delwende.
Después de la homilía, Mª Dolores Segoviano, inició la apertura del Año Vocacional con estas palabras:
 
Esta Jornada de Solidaridad y Fraternidad que estamos celebrando tiene lugar en el marco del AÑO VOCACIONAL que toda la Familia de la Consolación estamos celebrando en el 2014.

Nos preparamos así al Bicentenario del Nacimiento de Mª Rosa Molas que celebraremos en el 2015. Ella, como sabéis, nació en el 1815.

Nos unimos hoy a toda la Familia Consolación que en los distintos lugares del mundo estamos viviendo el año Vocacional.

Por eso, vamos a hacer ahora unos pequeños gestos, renovando nuestra VOCACIÓN: 
-       En primer lugar: vocación a la vida. Todos hemos sido llamados a la vida.
-       Vocación  también a ser hijos de Dios: Todos hemos recibido el bautismo.
-  Y también nuestra vocación específica: al matrimonio, a la vida religiosa, o al sacerdocio.


TODOS, desde nuestra vocación estamos LLAMADOS  a CONSOLAR:
Nuestro mundo necesita comprensión, acogida, ternura, cercanía, aliento, esperanza… CONSUELO.

Hoy Jesús nos sigue llamando a ser su presencia consoladora en medio de nuestra sociedad.
El grito de Dios: “Consolad, consolad a mi pueblo; hablad al corazón de mi pueblo!”, sigue resonando desde el profeta Isaías.

JESÚS,  el auténtico CONSOLADOR, HOY se dirige a nosotros y nos dice:

·      A ti te digo,  DELWENDE:    Consuela a mi pueblo.
             Naciste para llevar mi consuelo a las gentes más pobres de los pueblos más
             desfavorecidos.   Cuídamelos!    Ellos son mis preferidos!
         No escatimes esfuerzos para que mi consuelo, hecho solidaridad y   compromiso, fraternidad y servicio a la vida, llegue hasta el rincón más olvidado de la tierra.

·      A ti te digo,  FAMILIA:   Consuela!   Eres el reflejo de mi propia familia de Nazaret.   Reflejo de Dios.   Eres el lugar natural del amor auténtico, hecho ternura,   cariño,   acogida total   y cercanía constante. 
      Eres misericordia y perdón.
Tienes el corazón hecho a la medida del mismo Dios.
Por eso eres consolación.
Necesito que te mantengas firme en medio de tantas dificultades.
Estoy contigo.  Consuela, consuela a mi pueblo.

·      A ti te digo,  COMUNIDAD DE HNAS. DE LA CONSOLACIÓN: 
     Consuela a mi pueblo!  Habla al corazón de mi pueblo!
Llevas en tus entrañas el CARISMA de la CONSOLACIÓN. Tienes entrañas de madre.  Llevas en tus entrañas volcán de caridad, como tu Fundadora.
Deja que, como Mª Rosa Molas, fluya ese amor hacia todos los que se acercan a esta casa, especialmente los niños y los más necesitados.
Para ella “eran la pupila de sus ojos”.
Vive y difunde el carisma que te he regalado: abre a todos tu corazón de madre y, a través de la difícil, pero bella tarea de la educación: Consuela, consuela a mi pueblo! Habla al corazón de mi pueblo!
Busca que “ Todo sea para gloria de Dios y bien del prójimo, nada para vosotras”.

·      A ti te digo, miembro del MIC y del COM:  Consuela!
Te defines como “Consolación para el mundo”, participas del carisma que le di a Mª Rosa Molas.
Con tu juventud y alegría sé mi presencia consoladora entre tus compañeros de clase,  tu grupo de amigos,  tu familia,   allá donde se desenvuelve tu vida.
Te necesito.   Hay tantos desconsuelos hoy en esta sociedad tan materialista!
Lleva mi presencia, no te avergüences de mí.
Consuela, consuela a mi pueblo!

·      A ti te digo,  EXALUMNA/O:  Consuela!
Has vivido tantos años en esta casa, tu Colegio, bajo la mirada profunda y cercana de Mª Rosa Molas. A través de ella y de la gente que aquí te ha ayudado a crecer como persona creyente, te he regalado el carisma de la Consolación. No te lo quedes para ti. Necesito que lo vivas y transmitas en medio de los ambientes donde vives. Te necesito con tu inteligencia, tu fuerza, tu ser joven (o no tanto), para que seas mi testigo en medio de tanta increencia.
No temas, que estoy contigo.    Consuela, consuela a mi pueblo!

·      A ti te digo,  SACERDOTE:    Mi querido Sacerdote, que entregas toda tu vida para hacerme presente en medio de mi pueblo. Sé mi testigo!
Reparte el Pan de mi PALABRA Consoladora. Predica a tiempo y a destiempo.
Reparte el Pan de la EUCARISTÍA: me he quedado con vosotros para ser la auténtica CONSOLACIÓN  de vuestro inquieto corazón.

Consuela, consuela a mi pueblo!

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